Todo tiene que ver con todo
Preludio
El primer mundial que recuerdo
es el de USA 94.
El arquero de Estados Unidos
se llamaba Tony Meola,
era un tipo grandote que usaba media cola.
Desde ese mundial
mi tío Pedro
antes de ir al baño
avisa:
"Me voy a echar un Tony".
Cacho Pereira
Me acuerdo del festejo de Maradona gritándole a la cámara después de meterle un golazo a Grecia. Me acuerdo de la espalda de Córdoba, que parece quebrarse mientras ve como el balón se mete en su propio arco después de la fallida intervención de Escobar. De Bebeto balanceando los brazos dedicándole un gol a su hijo recién nacido. Del penal que erra Baggio en la final entregándole a los brasileros su cuarta copa del mundo. De los estadounidenses Alexis Lalas, un colorado alto de pelo largo y barba candado que parecía un vikingo, y de Cobi Jones, un petiso de rastas, que según dice mi amigo El Gordo Bruno, un año después tuvo un hijo en Paysandú producto de un fugaz romance mientras participaba de la Copa América 1995. Y como por esa época yo quería ser arquero, no me puedo olvidar del "Loco" Ravelli que custodiaba el arco de Suecia, o de Mijailov, el 1 de Bulgaria, de Taffarel en Brasil, del holandés De Goey, o el italiano Pagliuca. Me acuerdo de ver la final en la casa de mi tío Marcelo, la televisión de catorce pulgadas sintonizando canal 3, y la trasmisión de La Red con el relato de Gerardo Zucotti y los comentarios de Daniel Ordóñez. Me acuerdo de un montón de cosas, pero lo que más me recuerdo de ese mundial ocurrió antes y también después.
Un videocassette rojo
Salvo los rumores todo los demás parecía llegar más tarde a Paysandú que al resto del mundo.
Una tarde mamá apareció en casa con un reproductor vhs que acababa de comprar en "La Popular". En la caja, acompañando al aparato, venía como obsequio un videocassete de color rojo con una etiqueta que decía "World Cup ´94". Conectamos todo rápidamente llenos de emoción y pusimos a andar el video esperando ver las grandes jugadas del mundial que había pasado, los goles, las atajadas. Nos encontramos con una cinta promocional que mostraba cuales serían las sedes, la construcción de los estadios, el camino que habían recorrido las selecciones para llegar a la cita mundialista.
Sé que por un momento me sentí decepcionado, pero al tiempo me encontré mirándolo una y otra vez.
La forma en que iban armando las canchas, paneles hexagonales de tierra y pasto perfectos; el arquero de la selección de Zimbabwe convencido de que dejarían afuera a los leones de Camerún, el baile de Roger Milla en el mundial anterior, así como también los goles de Totó Schillaci, la vuelta de Irlanda, los entrenamientos de los americanos bajo la tutela de Bora Milutinovic, y finalmente la jugada en la que Romario elude a Siboldi, el manotazo de ahogado y el gol que nos deja definitivamente afuera. Toda la fiesta ya había pasado y recién ahora se hacía claro porque no habíamos estado en ella.
Salven a las ballenas
Sé que es de mañana, muy temprano, recién está empezando a amanecer. Sé que es fin de semana, probablemente domingo. Sé que hace frío, que es invierno y que esto no me había pasado antes, no así por lo menos. En mi recuerdo estamos sólo mamá y yo. No tengo que decirle nada, ella se da cuenta de lo que está pasando. Entonces me lleva al living, me acuesta en el sofá tapándome hasta el cuello, prende la tele y pone un video en el reproductor. Me dice que me quede tranquilo, que ella ya vuelve, que mire la película y que no me preocupe, que está todo bien. Mientras yo miro "Liberen a Willy", mamá corre por la ciudad buscando una farmacia de turno. Antes de que la orca salte la escollera ella ya está de vuelta agitada, nerviosa, con un ventolín en la mano. Desde ese día no van a faltar inhaladores en casa.
Sé que por un momento me sentí decepcionado, pero al tiempo me encontré mirándolo una y otra vez.
La forma en que iban armando las canchas, paneles hexagonales de tierra y pasto perfectos; el arquero de la selección de Zimbabwe convencido de que dejarían afuera a los leones de Camerún, el baile de Roger Milla en el mundial anterior, así como también los goles de Totó Schillaci, la vuelta de Irlanda, los entrenamientos de los americanos bajo la tutela de Bora Milutinovic, y finalmente la jugada en la que Romario elude a Siboldi, el manotazo de ahogado y el gol que nos deja definitivamente afuera. Toda la fiesta ya había pasado y recién ahora se hacía claro porque no habíamos estado en ella.
Salven a las ballenas
Sé que es de mañana, muy temprano, recién está empezando a amanecer. Sé que es fin de semana, probablemente domingo. Sé que hace frío, que es invierno y que esto no me había pasado antes, no así por lo menos. En mi recuerdo estamos sólo mamá y yo. No tengo que decirle nada, ella se da cuenta de lo que está pasando. Entonces me lleva al living, me acuesta en el sofá tapándome hasta el cuello, prende la tele y pone un video en el reproductor. Me dice que me quede tranquilo, que ella ya vuelve, que mire la película y que no me preocupe, que está todo bien. Mientras yo miro "Liberen a Willy", mamá corre por la ciudad buscando una farmacia de turno. Antes de que la orca salte la escollera ella ya está de vuelta agitada, nerviosa, con un ventolín en la mano. Desde ese día no van a faltar inhaladores en casa.