No son números
Tres días después de que te fueras empecé esta odisea de escribir un blog solo para vos. Al día de hoy llevo más de treinta publicaciones de todas las formas y colores. Para algunos puede parecer poco, y sé que prometí muchas más, pero puedo asegurarte que en cada una de las cosas que te escribí dejé algo de mi.
Un 12 de febrero de 2014 te decía por primera vez (y de forma camuflada para no asustarte del todo): te amo. Desde ese día nos lo hemos dicho unas quinientas veces entre los dos, y cada vez que lo repetimos lo vuelvo a sentir como la primera vez.
Este viernes cuando vuelvas van a haber pasado exactamente seis meses desde que te fuiste. Ese día después de despedirnos miré hacia atrás y me contuve de gritarte y salir corriendo a abrazarte nuevamente. Ese abrazo, como los grandes vinos, se ha ido estacionando para transformarse en el mejor abrazo de bienvenida que alguien haya dado alguna vez en la historia de la humanidad. A ese abrazo solo le quedan cinco días para ser descorchado.
Cuando nos demos ese abrazo y por primera vez te diga que te amo mirándote a los ojos, sellando todo todo todo con un beso, voy a ser tan feliz que es probable que llore y tengan que consolarme y decirme que está todo bien, pero yo ya lo sé, solo que no es fácil ser el hombre más felíz del mundo.