Me desperté con un grito
Estábamos en la Plaza Libertad, era de noche. Eramos como cinco o seis, estaba Lula, Seba, creo que Pancho y Flor también, Nati y alguien más, ¿Clara? ¿Juan? No me acuerdo. Pero tengo que seguir antes de que me olvide o empiece a inventar sin darme cuenta. Era de noche. Estábamos sentados en un banco de Plaza Libertad. La plaza era diferente, los bancos eran diferentes. Éste en particular tenía como un soporte de metal a un costado, aparentemente destinado a apoyar cosas, el termo y el mate quizás.
Como sabiendo lo que iba a pasar el Seba y yo nos poníamos a tamborilear sobre el soporte. Mirábamos hacia a un lado y a los pocos segundos aparecía una mujer vestida de sobretodo, bufanda y boina. La mujer venía con paso apurado llevando en sus brazos una especie de libreta con formularios apretados sobre una tablita de esas que usan para escribir. Hablaba con acento raro, como de centro-américa pero desaprendido, gracioso, muy gracioso. La mujer intenta explicarnos que no se puede hacer eso, tamborilear sobre el soporte. Aparentemente es algún tipo de servidora municipal que se encarga de velar por el bien de los bienes públicos.
De un segundo a otro empiezo a decir cosas sin sentido con tono rimbombante, las palabras salen de mi boca una atrás de otra, estoy imitando al gordo Casero y los gurises se dan cuenta y empiezan a reírse. Pero yo estoy muy concentrado y no me doy cuenta y a cada interrupción de la funcionaria respondo con un bolazo mayor. Entonces empiezo a tentarme, la mujer se empieza a enojar y me mira con una mirada que no puedo definir, entre tristeza y frustración. Y en un momento estoy a punto de matarme de la risa, ya no aguanto más la tentación y las palabras siguen saliendo furtivas de mi boca, no tiene sentido alguno lo que digo pero estoy metido en el personaje y siguen saliendo y sigo tentándome cada vez más, la risa se me escapa hasta que no aguanto más y pego un grito que me despierta. Y me despierto con una sonrisa y miro a mi alrededor y espero, nadie se despierta, sigo sonriendo y me quedo así un ratito. Y antes de levantarme, mientras sonrío, me digo que tengo que levantarme con el pie derecho, hoy es un día felíz, desde el principio.