¿Llueve?

La poronga esta no quiere cargar el video así que aunque me parezca estéticamente desagradable y poco funcional, procedo a insertar el link:


Mientras vos caminás bajo lluvia por Plaza Mayor yo te escribo para que me leas cuando llegues.
La mayoría del tiempo trato de andar con una libretita a mano. Antes siempre llevaba conmigo un block de hojas lisas y un marcador negro de punta fina, son fundamentales para escribir cómodo.
Escribir lo que sea, lo que pasa afuera, lo que pasa alrededor. Para esto no hay mejor lugar que un ómnibus, pero ahora ya no ando tanto en ómnibus y tampoco ando con algo a mano para escribir.

Hoy cuando salimos de la cafetería acompañé a Mariana a la parada de ómnibus; ella vive cerca del puerto y se lo toma a la altura del Radisson por calle Ciudadela. Casi enseguida de llegar pasa un 188 y yo decido que está bueno subirse y hacer el viaje que hacía cuando trabajaba en el estudio de Zolkwer. 
El bondi agarra por Cerrito, vamos hablando de Marcos, su ex, un tipo divino pero que no entiende nada. 
A un costado se pueden ver los afiches de Salvador Presidente, un nuevo personaje que apareció hace unos días. Mariana no lo conoce, yo le cuento que la noche anterior Tío Pablo me mostró unos videos, que en facebook escuché hablar de campañas en las redes, tandas de radio y televisión.
Pasamos por la esquina de Cerrito y Misiones y yo le digo que esa esquina sería especial para armar algo, si no hubiera tanto tránsito, si todos los bondis que entran a Ciudad Vieja no tuvieran que pasar por calle Cerrito, ese sería un lugar especial para armar un boliche donde sentarse a tomar algo al aire libre.
Hablamos de otras placitas de la vuelta, lugares donde se podrían hacer cosas pero así como está no es posible, el ánimo se vuelve derrotista por momentos. 
A unas cuadras Mariana señala un cartel, yo no llego a verlo. Me dice que era una publicidad de una cerveza que ahora viene en envase pequeño y retornable. Hablamos de botellas de vidrio, de cuando la gente pasaba por las casas pidiendo envases.
En la siguiente parada ella se baja, nos despedimos y quedamos en hablar para hacer algo más tarde pero yo estoy casi seguro de que no nos vamos a ver hasta el lunes.
Me preocupa la botija, no la veo bien y me preocupa.
Me pongo los auriculares y elijo un disco de Bufón, suena Llueve y parece que va a llover.
Pasando la terminal de Lindolfo Cuestas hay una canchita de fútbol. En la esquina cuatro policías motorizados tienen detenido a un pibe que va cargando una bolsa llena de flechas, un arco colgado a la espalda y un blanco lleno de perforaciones de alrededor de un metro cuadrado. Más al fondo otro policía motorizado estudia la situación y detrás de éste una camioneta de policía espera la resolución del conflicto.
Mientras tanto en la canchita los futbolistas calientan, tiran centros, corren. El equipier, arrodillado a unos metros del pibe de las flechas, tantea los balones. 
El viaje sigue y yo decido que aunque no tenga libretita, ni block, ni marcador de punta fina, tengo que contar esto que acabo de ver. Agarro a Tancredi, escribo un mensaje larguísimo y lo guardo como borrador.