Cuando corro no dejo de pensar en vos


Salir a correr, tengo que salir a correr. Es jueves y hace rato que digo que lo voy a hacer y ya es jueves y no llueve. Por ahora. Porque no sé si te dije, pero acá llueve todos los días desde que te fuiste, en serio, llueve y llueve y parece que no va a parar. Pero es jueves y son más de las nueve y parece que ya no va a llover. Entonces salgo, agarro Gutiérrez  Ruiz y ya voy con buen ritmo por la bajada. Paso tu casa y me doy cuenta de que yo nunca agarro por Gutiérrez Ruiz, mi bajada es por Zelmar Michelini, pero por algo elegí este camino. La luz de tu cuarto está apagada. Sigo corriendo cada vez más rápido y no dejo de pensar. Se supone que corro para no pensar, ¿o no? Mientras corro voy mirando mi propia sombra concentrado en no pensar, miro mi sombra y pienso en ella. Miro mi sombra mientras corro y pienso en vos. Me concentro en la sombra pero arriba a la izquierda como una conciencia buena estás vos y ya no miro mi sombra. Ahora miro un edificio que ocupa casi todo el campo visual y devuelta arriba a la izquierda estás vos. Estás siempre conmigo, ¿te das cuenta?
Un libro de Murakami se llama "De que hablamos cuando hablamos de correr", me gustaría leerlo. También me gustaría escribir un libro titulado "Cuando corro no dejo de pensar en vos".
Llego a la rambla, cruzo y camino hasta el mojón que marca los 2000 metros, estiro y cuando el reloj marca las 9:25 arranco a correr nuevamente. Corro rápido, demasiado rápido. Corro un kilómetro con todo, bajo el ritmo y corro dos kilómetros más. Estoy fuera de forma, me doy cuenta, pero está bien, es cuestión de tiempo. 
Doy la vuelta y llegando al Disco cruzo y me meto. Compro agua, papel higiénico, crayolas y lápices de colores, busco un cuaderno de hojas lisas pero no hay. Pago y me voy.
Por Ejido las veredas están valladas por las llamadas. Paso por El Picotón. ¿Conocés El Picotón? Las empanadas más grandes del mundo, cuarto kilo de pura magia comestible. Hace unos años en las llamadas Lula terminó en El Picotón. Yo no estaba esa vez y no lo conocía, y un día triste Lula me sacó a pasear y me llevó a comer empanadas ahí. Fueron las mejores empanadas del mundo. 
Doblo por Yaguarón hasta llegar al Andorra, no estamos ni vos ni yo, está lleno y en nuestra mesa hay unos viejos. No quiero seguir mirando.  

Ayer cuando todo esto pasó eran muchas cosas más las que te iba a contar, ahora es tarde y me olvido de las cosas y no me gusta como escribo pero quiero que cuando  te despiertes puedas leerme, porque te extraño y esto me hace sentirte un poco más cerca. 

Te quiero, pero no sabés como te quiero, te quiero tanto que da miedo y el miedo desaparece en el momento.